Mucho se habla de que el placer sexual puede llegar a ser un trastorno, una entidad que posee demoníacamente, desde el punto cultural, incluso religioso, ha sido bastante cuestionado.

Si nos adentramos en la historia, el tabú en el mundo de la vida sexual desde el contexto social, moral y religioso en cada periodo histórico, podemos advertir épocas retrogradas, donde la conducta sexual nocturna, recurrentemente era potenciada por la bohemia. Su actitud cultural inclinada a la idea del machismo, el placer era recluido sólo para la satisfacción del hombre como género y las mujeres eran el sustento del goce. Sólo el “macho” podía disfrutar del sentir placer, aun así, sin mucho conocimiento real, ya que decaído era el esmero por adquirir aprendizaje e información. 

Si nos trasladamos a épocas más antiguas, un buen ejemplo son los griegos. Disfrutaban abiertamente del placer sexual, independiente del género. De todas formas, mucha información sobre el placer femenino, no había. Y si nos vamos a la india, la historia del Kamasutra, su legado de un antes y un después, sobre como percibimos el sexo, concebía una guía de la seducción y el placer sexual como arte, con un otro. 

Recién en la actualidad, la mujer tiene una libertad preponderante de elegir como sentir sexualmente, informarse y aprender con su propio cuerpo. Esto nos lleva a evaluar cuantas mujeres en la historia, nunca tuvieron un orgasmo, por ende, nunca supieron de qué se trataba. Todo esto también ha diversificado el hecho del placer, para descubrir, conocer otros aspectos referidos a la gran diversidad de género que tenemos. 

Antiguamente siempre hubo un otro por el cual enfocarse o arraigarse para sentir o producir placer sexual. Entonces ni hablar en aspectos generales de la acción de estimular tus órganos sexuales mediante caricias y menos por otro medio. Esto es la llamada masturbación, entendiendo que, si se realizaba, siempre era una actividad oculta, los prejuicios y catalogaciones de la sociedad, el sistema y sobre todo la religión, provocaban la sensación de culpabilidad. Por lo que no se compartía de manera informativa o era una conversación muy enclaustrada.  

Masturbar viene del latín masturbari, lo que, en su significado, trata sobre la estimulación propia de los genitales, hasta llegar al punto culmine o de mayor satisfacción sexual de tus zonas erógenas, ósea el anhelado orgasmo. 

En la actualidad, donde se ha comenzado a dar pie a la importancia de las personas como individuos, ósea una persona es independiente de los demás, llegando hasta la connotación importante de ser seres únicos. Ha motivado que los cánones marcados de actitud, por el sistema, por fin han ido desapareciendo. 

Cuando hablamos del placer propio, profundizando en él, recién entendemos la fuerza que tiene el conocerse y luego reconocerse. Desde aspectos físicos y emocionales, el aprender de nosotros nos lleva a un recorrido de vida más apacible y cuando nos referimos al placer sexual se hace trascendente. 

Conocer y estudiar nuestro cuerpo, es fundamental y la manera correcta en su comienzo es en base a las sensaciones y al contacto físico. Entendiendo que antiguamente todo lo referido al autoplacer se veía como algo oscuro y tenebroso, no nos ha de extrañar que aún muchas personas no quieran comprender la importancia de sentirse y que esta forma de ver la vida, se traspase de generación en generación. 

Lo magnifico de esta nueva era. Es que ya es difícil que te impongan una manera de vivir, de cómo debemos funcionar, expresar o simplemente ser. Esa libertad, entre comillas, nos ha abierto un mundo inmenso por conocer, entender y aprender. 

Cuando nos enfrentamos a un mundo desconocido, queremos indagar y probar, a veces con temor y otras sin pensarlo mucho. Finalmente, todo dependerá de las diferentes personalidades conviviendo en este nuevo “antiguo” y oculto mundo. Esto nos deja con la necesidad de informarnos y, la información es tan versátil que también nos puede desorientar y hacer perder el foco del ser “individuo”. 

Cuando sentimos placer al tocarnos, cuando descubrimos exactamente qué nos gusta, qué nos produce algo, qué temperatura es la que nos acomoda y qué intensidad y velocidad son el complemento, es cuando más preparados podemos sentirnos para compartirlo, sin que esto sea una obligación, todo debe suceder de manera natural y en consenso. 

Sobre todo, que después de incursionar con el ser propio, se atesoran sensaciones que producen reducción de estrés, liberación de tensiones, mejoras en la calidad del sueño ya que dos de las hormonas que se secretan en mayor proporción durante el orgasmo, y la excitación, son la serotonina y la prolactina y ambas mejoran la regulación del sueño y la relajación. El orgasmo aumenta la secreción de noradrenalina. La hormona de tensión que es un estimulante, aumenta la frecuencia cardíaca apoyando los impulsos de alerta ante peligros, el cuerpo reacciona con gran energía y potencia. Así que, si no nos hemos dormido antes, tras el orgasmo podemos experimentar una mayor vitalidad. 

Estimula la concentración, mejoras el estado de ánimo, nos favorece en la sociabilidad, alivio en los cólicos menstruales en los casos femeninos, y también hay estudios que prueban que la estimulación sexual, disminuye cualquier dolor, y por supuesto mejora el sexo, ya que la información y el aprendizaje, fortalecen el compartir con un otro. 

Los químicos del cuerpo danzan juntos como desees proyectarte, con más seguridad y sapiencia. El sentirnos seguros y cómodos es la real importancia de apreciarnos, o por lo menos llegar a la sensación plena, el autoplacer se comprueba claramente cuando lo vives, produce beneficios para ti como individuo, en la forma en la que llevas tu vida sexual y como la deseas compartir con otros. 

Los invito a participar de su cuerpo, a interactuar y disfrutar como lo deseen, utilizar juguetes y hacerlos parte de su vida, sin tabúes ni trancas, en solitario o acompañados. La decisión siempre será tuya.